¿Recuerdas el día en que nos vimos por última (y primera) vez? Eran las 7 de la mañana y ya estaba despierta, el sólo pensar que te iba a ver me hacía sentir feliz. Salí una hora después de lo planeado, pues me pedías llegar más tarde, en ese momento no sabía por qué.
Cuando estaba en la estación del metro San Joaquín mi celular sonó con esa canción alertandome que eras tú. -¿Dónde estás?-preguntaste. -Me faltan dos estaciones. Caminé lo más rápido posible para ir a tu encuentro, pero cuando estaba de lo más distraida llegaste sin que te viera y me quedé sorprendida.
No se me olvida lo rápido que pasamos por las salas del museo, pues queríamos salir ya. Tampoco se borra de mi mente cuando empezó a llover y corriste a comprar un paraguas, enorme por cierto. -¡Ey! Sólo somos dos. Justo cuando mencioné que ya no iba a salir el sol, dejó de llover.
Recuerdo tu imagen bajo la lluvia, caminando lento y sonriente. Aquel vendedor de fruta sí que hizo negocio ese día, todos nos refugiamos bajo su puesto. Nosotros compramos dos cócteles, te di la piña porque no me gusta, sin reclamar ni poner pretextos te la comiste.
Caminamos por la orilla del lago, mirando a los patos. Después dimos un paseo por el zoológico, visitamos a los murciélagos y a los monos; tomaste fotografías a las mariposas; pasamos por donde están los pandas y los osos polares.
Con las manos unidas el tiempo pasó tan de prisa, cuando menos lo imaginé el sol se estaba ocultando. Un poco tristes emprendimos la marcha de regreso a casa. Vagando por los túneles del metro, en estaciones oscuras, mi cabeza se apoyaba en tu hombro queriendo decir: "No quiero que este día se acabe".
En las escaleras del metro que era mi destino, aquel que se encuentra en la línea naranja, no dejaba de verte: Llovía un poco, para no mojarte te di el consejo de no salir. Abrazados hasta formar uno solo nos despedimos. Si pudiera quedarme así... si pudieras irte conmigo: eran las frases salientes de un par de labios temerosos de dar el adiós.
Hacia direcciones opuestas, pero con el corazón más unido que nunca, nuestras manos se separaron lentamente. No quería dejar de ver tu silueta mientras bajabas las escales: Sentía tantas ganas de correr tras de tí, pero mis piernas me decían que no debía.
Está muy lejano ese día. Cuando vi tus ojos, toqué tus manos y escuché tu voz. En realidad ya no sé si fue verdad o mentira. De repente un rayo de luz traspasó por mi ventana despertándome, se trató de un sueño (o quizá un recuerdo). Una ilusión de la que desperté porque la historia no podía seguir. Se necesitaban dos protagonistas y uno, se había cansado de construir escenas imaginarias.

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